Cuando nacio mi hijo menor, Fernando... fue una experiencia muy distinta... estabamos felices y radiantes... y aunque no estaba ya eso de no saber que iba a pasar que sí habia ocurrido con el nacimiento de nuestro primer hijo... estabamos igual de nerviosos y asustados, ya mi hijo mayor tenia poco mas de 2 años y la verdad es que no sabiamos como iba a reaccionar ante la idea de tener un hermanito. Ya le habiamos dicho y lo habiamos preparado bastante... aunque nadie nos habia preparado a nosotros.
Recuerdo que llegamos a la Clinica con la experiencia del nacimiento anterior, y un poco mas tranquilo en ese sentido... aunque tambien iba con esa emocion mezcla de felicidad... miedo... y querer que todo salga perfecto. Cuando llego la hora de entrar a la sala y ponerme la ropa que me habian dejado y lavarme con ese jabon demasiado fuerte, me di cuenta de que habia entrado con la camara de video que nos habian prestado unos amigos... aunque no tenia la intencion inicial de filmar el nacimiento de mi hijo (que tambien iba a ser por cesarea) decidi a finalmente registrar el momento desde mi posicion aunque sin hacer tomas directas.
Poder filmar el momento en que el doctor saco a Fernandito, fue una verdadera proeza... entre los nervios... la emocion... la felicidad... e intentar de mantener la camara relativamente derecha y medianamente centrada sobre el objetivo, no fue facil... lo unico que queria era abrazar a mi esposa (que por motivos obvios no pude hacerlo)... decirle lo mucho que la amaba y lo que agradecia el darme la bendicion de poder ser padre nuevamente, y poder tener en mis brazos a mi bebe.
Partimos nuevamente con el pediatra... y una vez que lo hubo revisado (y esta vez no me bajaron los instintos de golpearlo) pude por fin tenerlo en mis brazos y mostrarlo a una pequeña camara, que enviaba la señal a un televisor que estaba afuera donde estaba la familia esperando y mirando.
Es emocionante recordar todo esto... recordar cuando pude tenerlo en mis brazos y acariciar su carita... sentirlo llorar... verlo tan pequeño e indefenso... cai nuevamente enamorado de mi hijo... con un amor que no se puede explicar con palabras... porque uno nunca deja de ser padre, ni siquiera cuando los hijos crecen... es un compromiso de por vida que he tomado... acompañar, estar y apoyar a mis hijos hasta el fin de mis dias... y mas alla incluso si es posible.
Luego, pude llevarle nuevamente el bebe a mi esposa para que lo viera y lo besara... esta vez si me senti algo mas tranquilo y me note mas firme... orgulloso... emocionado.... y profundamente feliz. Tan feliz que no cabia en mi.
Saben... en algun momento escuche que alguien preguntaba como lo podian hacer los padres para poder dividir el cariño entre dos hijos... y la respuesta es sencilla... no es necesario dividir nada porque el amor no se divide entre dos.... se multiplica por dos.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)


No hay comentarios.:
Publicar un comentario